La etiqueta energética viene acompañando a todos los productos de iluminación desde la entrada en vigor de las primeras directivas europeas, en la década de los 90.

El fin de estas etiquetas es el de informar al consumidor sobre la eficiencia energética de dichos productos. Se trata de una sencilla ayuda para seleccionar y comprar aquellos productos de menor consumo energético y más respetuosos con el medioambiente.

Ante la mejora de la eficiencia energética experimentada por la tecnología LED (más de la mitad se clasifican en la categoría A++), se ha hecho necesaria una actualización de este etiquetado, que permita reconocer cuáles son los mejores productos dentro de una categoría.

Este nuevo sistema de etiquetado comienza a aplicarse desde el 1 de septiembre de 2021, facilitando el optar por una iluminación más eficiente, desde el punto de vista energético, que a su vez ayude a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y a alcanzar la neutralidad climática en 2050.

 

¿Cómo es la nueva etiqueta energética?

La antigua etiqueta se diseñó con una escala gradual, representada por distintos colores, que iba desde la A (mayor eficiencia) a la G (menor eficiencia).

Esta clasificación se fue modificando ante las mejoras tecnológicas que dejaron rápidamente obsoletos los grados de eficiencia E, F y G. Los productos que se engloban en estas categorías dejaron de venderse.

Una mayor eficiencia de los productos de iluminación LED los concentró en la categoría A, lo que obligó a crear las subcategorías A+, A++ y A+++.

Estos cambios supusieron una menor apreciación en las diferencias de eficiencia dentro de los productos de categoría A, por lo que ha sido necesario un cambio de escala, que facilite esta diferenciación.

La nueva etiqueta vuelve a simplificar las categorías de A a G (eliminando las subcategorías A+, A++ y A+++), mediante una recalificación y manteniendo la graduación de colores.

La recalificación de los productos dentro de la nueva escala se produce a un cambio en los límites de consumo, siendo más exigentes para cada categoría y no en una pérdida de eficiencia del producto.

El cálculo de cada categoría se basa en un índice de eficiencia energética (EEI) que tiene en cuenta el consumo anual de energía y otras variables como, por ejemplo, el tipo de fuente luminosa (LED, fluorescente, HPs, …), si la bombilla es o no direccional, si funciona directa a red o necesita un mecanismo de control independiente, si pertenece al grupo de fuentes luminosas conectadas o si es una fuente luminosa de color variable, etc.

Así, un producto que tenía categoría A puede pasar ahora a la C o D.

La categoría A quedará por el momento libre al no haber fuentes luminosas en la actualidad capaces de alcanzar este nivel de eficiencia, lo que deja ese espacio de mejora para el futuro.

Además del cambio de escala, las nuevas etiquetas incluyen otra información complementaria:

  • Aparecerán reseñados el nombre del fabricante, la marca y modelo.
  • El consumo eléctrico por 1000 kWh.
  • Un código QR para acceder a información complementaria sobre el producto.

Según el nuevo reglamento que establece este etiquetado (Reglamento (UE) 2017/1369), cuando el 30% de los nuevos productos que se comercialicen en Europa estén en el rango A o cuando un 50% se encuentren entre el A y el B, se podrá proceder a una nueva recalificación para mantener el incentivo de adquirir los productos más eficientes en el consumidor.

 

Diferencias entre la nueva y antigua normativa de etiquetado energético para fuentes de iluminación

La principal diferencia entre el Reglamento delegado (UE) 874/2012 y el nuevo Reglamento (UE) 2017/1369 es la eliminación de la etiqueta energética específica para las luminarias.

La nueva normativa distingue entre producto continente y fuente de luz:

  • Producto continente: una luminaria que contiene una o varias fuentes de luz no destructibles.

Este tipo de luminarias estará exento del nuevo etiquetado, pero tendrá que ofrecer instrucciones precisas de su desmontaje.

La fuente de luz que incorpore deberá tener su propio marcado y clasificación energética.

  • Fuente de luz: aquellas luminarias que no pueden desmontarse fácilmente para la verificación de la fuente luminosa y su mecanismo de control.

Todo el conjunto se considera como fuente de luz y deberán incorporar la etiqueta energética.

 

Cómo se llevará a cabo la transición hacia el nuevo etiquetado energético

Las nuevas etiquetas afectarán a una gran variedad de actores, desde fabricantes, distribuidores, administraciones públicas y hasta los propios consumidores.

Para facilitar este proceso de transición, se han lanzado los proyectos europeos Label 2020 y BELT, financiados por el programa de investigación e innovación Horizonte 2020 de la Comisión Europea.

El proyecto Label 2020 es una iniciativa que se desarrolla en 15 países europeos y en el Reino Unido para dar a conocer y facilitar este cambio. Con ello se pretende ayudar y armonizar la transición al nuevo etiquetado energético. 

En el caso del proyecto BELT, su objetivo es facilitar el periodo de transición a la nueva etiqueta, informando y capacitando a los principales interesados y actores del mercado.

Este proyecto también pretende estimular a los consumidores a elegir los productos más eficientes e incentivar a los fabricantes a investigar y mejorar sus productos.

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